Final cruel sin futuro ni novela...
Y la lluvia dibujó en su rostro una mirada tenaz que la elevaba por sobre todos los hombres y mujeres de la tierra. Sin quererlo, se había convertido en Dios.
La Diosa que se enfrentó al mundo con su belleza y venció. La Diosa que desafió a la muerte y salió triunfante. Que luchó contra el diablo y se ganó su respeto. Que cruzó mares y océanos. Que se hizo una con el viento y estampó su nombre en el más cruel de los desiertos. Que amó con la más punzante de las pasiones.
Y aún en el momento en que los relojes detengan su paso entorpecido, cuando la última vela se apague y con ella el dolor, la venganza y la pasión sucumban; continuará llorando y pidiendo perdón a gritos, continuará creyendo que todo es un sueño -de todos el más cruel-, y que algún día lo volverá a ver, como al descuido, en un rincón solitario, guarecido entre las sombras, y él correrá hacia ella, y volverá a besarla, y en el más feliz y real de los abrazos, susurrará en su oído aquellas palabras que un día escuchó y que jamás logrará olvidar.
Su corazón se detiene. La lluvia azota su vista y ya no puede sostener la mirada. Se deja caer en la acera y sus rodillas golpean como dos martillos de cristal el empedrado.
No hay dolor.
De su boca escapa una palabra, frágil y apagada, como si fuera la última que dejará colar entre sus labios color carmín.
- Adiós.
Una Diosa se desploma en el gris de la tormenta. El tiempo se detiene. La lluvia ya no moja, ya no se oye ni se siente; por más que desde el cielo, mil ángeles suman sus llantos y no encuentran consuelo los unos en los otros.
Como si fuera el fin del mundo. Como si todo acabase a un tiempo. Como si el mañana fuese un absurdo o tal vez una ironía.
Como si fuera…
…Y fue.
Federico Comesaña
La Diosa que se enfrentó al mundo con su belleza y venció. La Diosa que desafió a la muerte y salió triunfante. Que luchó contra el diablo y se ganó su respeto. Que cruzó mares y océanos. Que se hizo una con el viento y estampó su nombre en el más cruel de los desiertos. Que amó con la más punzante de las pasiones.
Y aún en el momento en que los relojes detengan su paso entorpecido, cuando la última vela se apague y con ella el dolor, la venganza y la pasión sucumban; continuará llorando y pidiendo perdón a gritos, continuará creyendo que todo es un sueño -de todos el más cruel-, y que algún día lo volverá a ver, como al descuido, en un rincón solitario, guarecido entre las sombras, y él correrá hacia ella, y volverá a besarla, y en el más feliz y real de los abrazos, susurrará en su oído aquellas palabras que un día escuchó y que jamás logrará olvidar.
Su corazón se detiene. La lluvia azota su vista y ya no puede sostener la mirada. Se deja caer en la acera y sus rodillas golpean como dos martillos de cristal el empedrado.
No hay dolor.
De su boca escapa una palabra, frágil y apagada, como si fuera la última que dejará colar entre sus labios color carmín.
- Adiós.
Una Diosa se desploma en el gris de la tormenta. El tiempo se detiene. La lluvia ya no moja, ya no se oye ni se siente; por más que desde el cielo, mil ángeles suman sus llantos y no encuentran consuelo los unos en los otros.
Como si fuera el fin del mundo. Como si todo acabase a un tiempo. Como si el mañana fuese un absurdo o tal vez una ironía.
Como si fuera…
…Y fue.
Federico Comesaña





5 Comentarios:
Sin desperdicio su post. Simplemente genial. Un gusto haber aterrizado en el.
El martirio de un adiós rehusado a ser determinante.
Muy bello.
Te leo.
Jeza
me sumo a los halagos.
Gran hallazgo bajo las piedras...el gusto es mío Federico, todo mío.
Y tus palabras, más que cárcel, de una liberación arrolladora.
gracias por tu visita.
Mi beso de opio
¿Y por qué no? En esta cárcel no hay adentro ni hay afuera. Todos, desde nuestra propia celda podemos sentirnos libres, podemos volar y compartir, pero cuanto más lo hacemos más nos adentramos en ese calabozo, más nos encadenamos a nuestras propias palabras. Porque al final de cuentas sólo se trata de eso, de palabras que vienen y que van en esa eterna paradoja de que cuanto más apresados nos tiene nuestro decir, más cerca estaremos de alcanzar la libertad.
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