13 setiembre 2006

FUIMOS - Parte II -

Me parece que la primera parte del cuento no tuvo gran aceptación, o será que la gente se puso tímida y no comenta. Cada comentario (para bien o para mal) es un incentivo más para seguir escribiendo. Prometo de ahora en más hacerme un tiempo para contestar y ¿por qué no? para conversar en diferido. Soy conciente de que la segunda parte me quedó demasiado larga para un solo post, pero juro que vale la pena. Sin temor a equivocarme es lo mejor que he escrito hasta ahora. Prometo no desilusionarlos... Y aún queda por definirse el final, que de seguro va a quedar mucho más corto. Que lo disfruten...
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...Continuación del post anterior.

Conforme las horas apuraban su paso, el rencor se convertía en odio y el odio en misericordia; pero al final, las culpas siempre recaían en ella y en sí mismo. Se sintió solo, pero era esa misma soledad la que lo aliviaba, la que le impedía pensar en otra cosa que no fuera en sí mismo y en la manera de salir impune de este asunto.

La tarde arribó a la mañana y a ésta le sucedió la noche. El hombre permaneció en silencio. El personal del hotel le llevó, como de costumbre, el almuerzo a la habitación. La atención era de primera, más aún, al saber quién era el que pagaba la estadía de este individuo en el hotel.

La lasaña parecía estar deliciosa, pero no pudo probar un solo bocado. El plato permaneció allí, sobre la mesa, inmaculado; ya frío cuando el sonido seco y estridente del cargador del revólver penetrando el arma, resonó en toda la habitación, como una puerta que se cierra en un camino que ya no tiene vuelta a atrás.

Al salir del hotel la lluvia, antes mansa y armoniosa, mostraba su rostro más hostil, y de la mano del frío y del viento, persuadían a cualquier parroquiano a dejar para otro día el más importante de los asuntos que implicase aventurarse a la tormenta.

Aún así, el hombre atravesó la ciudad a pie en cuestión de minutos. La lluvia no le inquietaba, a lo único que no podía escapar era el frío, un frío que no provenía del ambiente, sino, mucho peor aún, de su conciencia. El viento acariciaba su rostro con una mano áspera e irritante que de a ratos, le impedía abrir los ojos.

En medio de ese paisaje lúgubre y hostil, arribó al hotel de la calle principal, propiedad del propio Villari. Fachada perfecta para el lavado de dinero ¿De qué otra manera se podía explicar un hotel de lujo en el corazón de Cerro Largo?

Su objetivo era el más simple y a la vez el más difícil. Por un lado, se trataba de hacer lo que mejor sabía, el trabajo que venía desempeñando para su jefe desde el primer día en el negocio. Sin embargo, esta vez la víctima no era un traidor ni un mal pagador, no se trataba de un simple ajuste de cuentas ni de una jugada estratégica de las que solía realizar Villari; sino, de un intento desesperado por parte del traidor de escapar de la muerte y de gambetear al destino.

Tanteó el revólver en el bolsillo interior de su gabardina. Repasó el plan. Entraría al edificio pasando ante todos desapercibido, ingresaría directamente al ascensor sin levantar sospechas. Nadie lo reconocería. Por suerte, la política de Villari era muy estricta al respecto: nunca mezclar los negocios limpios con los negocios sucios; siempre que hizo falta, las reuniones se realizaban fuera de su hotel, nunca a la vista de sus empleados ni al acecho de sus enemigos, que para él, eran una misma cosa.

Una vez allí se escabulliría directamente a la habitación 512, donde en noches como esta, había encontrado refugio. Congeló su mente, “basta de perder el tiempo, nada puede fallar”; intentó convencerse, cuando la verdadera razón se encontraba en que el simple hecho de imaginarse franqueando esa puerta, le revolvía la conciencia.

Al llegar al ascensor sintió cierto alivio: el camino estaba libre. Su aspecto desarreglado pasaba desapercibido entre la horda de gente que escapaba de la tormenta. Todo marchaba según lo esperado.

Golpeó la puerta de la habitación tres veces. Esperó unos segundos hasta que por fin, la voz de una joven atravesó la puerta:

–Pase. Los platos déjelos sobre la mesa. La propina está en lugar de siempre.

El hombre abrió la puerta y entró en la habitación. Todo segundo en el pasillo hacía peligrar su plan. Cerró con prisa la puerta y lentamente desabotonó su gabardina, sin decir palabra.

Ante él, la joven aguardaba en silencio, sorprendida.

–No pensé que vinieras… por la tormenta digo…

El hombre permaneció imperturbable, su mirada perdida en los ojos color esmeralda de la joven que aguardaba, sentada en el sillón de la suite.

–Nunca me dijiste nada sobre tu visita al Doctor Andrade.

–No tenía por qué, era sólo una revisión de rutina.

–Mientes. – Afirmó él. – Lo sé todo.

La mirada de la joven se cubrió de miedo y el hombre comenzó a caminar por aquel cuarto de hotel, escenario de tantos encuentros, manta que encubrió, como fiel confidente, la más grande de las traiciones.

–Debí suponerlo –dijo ella finalmente–, esa mirada lo dice todo. Tengo miedo ¿sabes? Tengo mucho miedo de él… pero también de ti. Estuve pensando mucho al respecto y…

Su mirada se tiñó de tristeza, pero a la vez, la esperanza le aceleraba las palabras, una esperanza oculta que él jamás logró entender.

–¿Él lo sabe? –La interrumpió.

–No, está muy ocupado en sus asuntos como para prestarme la más mínima atención… Hablaré con él mañana. Lo mejor va a ser decírselo, contarle de una vez por todas la verdad. No te digo que será fácil, no le gustará para nada... Le costará aceptarlo al principio, pero no veo otra salida.

Podía mentirse a sí misma. Podía incluso, llegar a creer esas palabras; pero él sabía que nada de eso era cierto, él sabía que su final ya estaba escrito.

–Yo sí. – Respondió él, introduciendo lentamente su mano derecha en el bolsillo interior de la gabardina negra. – Yo sí encuentro otra salida.

Ella se volvió a la ventana; de seguro, para ocultar las lágrimas que una a una recorrían su mejilla, creyendo que de esa forma podía mantener intacta su imagen de mujer fuerte, de suspicacia y perfección; que podía esconder tras una coraza todo aquello que pretendía ocultar de la mirada de aquel hombre que en noches cálidas y noches grises, había descubierto y redescubierto la manera; esa manera única y a la vez majestuosa de hacerla feliz.

–Me quieres ¿verdad?... ¿Aún me quieres? – Su voz se quebró de golpe, comenzó a girar su cabeza – Dímelo, por favor...

Cuando se dio vuelta y sus ojos, húmedos aún, buscaron el contacto con la mirada imperturbable de aquel hombre gris, ya era demasiado tarde.

Su brazo, el de él; ya estaba extendido, su dedo en el gatillo y su mirada en el suelo, intentando engañar a su mente y en definitiva, a su corazón.

La bala surcó la habitación en silencio, la bala que cortó la espera. Afuera, la tormenta rugía con furia incontrolable, el agua y el viento azotaban los cristales de los inmensos ventanales. Un relámpago iluminó la habitación en penumbra. Adentro, el tiempo se había congelado; cada segundo, cada instante parecía una eternidad.

El hombre levantó la mirada en silencio, siempre en silencio. Nuria Villari, la hija del alto empresario, del mafioso más temido de la región, su jefe y de a ratos, su amigo; yacía muerta en esa misma habitación de hotel. Quiso llorar y no pudo. Quiso que su reloj cambiara el sentido de su eterno caminar, pero sabía que era imposible, sabía que no podía más que ocultar bajo llave, en su memoria, el estruendo de la bala contenido en el silenciador de su revólver; del mismo modo que contenida, en su espíritu, yacía la respuesta a aquella pregunta que la joven le había hecho a segundos de encontrarse cara a cara con la muerte.

“Dímelo, por favor...”

Su voz resonó en la cabeza del asesino.

“Me quieres ¿verdad?... ¿Aún me quieres?”

El recuerdo lo azotó nuevamente y otra y otra vez, como un látigo que descargaba con furia todo el odio y el rencor que él mismo se tenía.

–Más que nunca… – Contestó para sí –… Más que nunca.

No sin antes darse cuenta, que un disparo puede borrar una existencia, sí; pero no puede –nunca puede–, borrar el recuerdo ni el dolor de la ausencia.

Una bala se llevó a Nuria, una bala proveniente del revólver que aguardaba, ansioso de una nueva víctima, en su mano derecha. La misma bala, que se había llevado al hijo que aguardaba en el vientre de aquella joven, el hijo que jamás tendría que haber estado ahí. De él era la culpa y sólo de él.

“Mi hijo”, pensó; y de esa manera se dejó morir, no del mismo modo que ellos, sino de una forma más penosa aún, más aberrante. Su mirada cambió, escondió nuevamente el revólver en la gabardina y se dispuso a abandonar la escena del crimen, aquel cuarto de hotel en que sus sueños y sus pesadillas, cada uno a su momento, se hicieron realidad.

Continuará...


Federico Comesaña

8 Comentarios:

El 14 setiembre, 2006 03:01, Anonymous Anónimo dijo...

luchar por ese sueño...

 
El 14 setiembre, 2006 15:16, Blogger Jeza dijo...

Aguardando con ansias el final...

 
El 14 setiembre, 2006 17:16, Blogger Fefo dijo...

Mientras que yo aguardo con ansias terminarlo.

Creo que tengo una pequeña idea de cómo... Pero no sé... No es tan fácil... Podría ser de varias maneras, pero sólo tiene que ser de una. Sé a dónde me dirijo, porque al ser un preámbulo de un cuento pre-existente tengo que amoldarme a ciertos parámetros, tengo que hacerlo compatible. Pero ¿Qué opinan? ¿Hacemos que se enfrente a Villari antes del final? ¿Le complicamos un poquito más la existencia a nuestro personaje o no? ¿No les gustaría que terminara ahí y listo? No sé... Opinen... Porque de eso se trata; eso es, a mi juicio, lo más hermoso de escribir: lograr que otros formen parte de un mundo que uno mismo creó.

¿Aceptan el reto?

 
El 17 setiembre, 2006 00:14, Blogger tormenta del mar dijo...

Fefo: Vine corriendo a agradecer tu comentario y me encuentro con un cuento, ahora me esoy durmiendo...se me acabó la pila, pero te prometo que volveré con tiempo a leer todo con detenimiento y cariño.
Gracias por tus palabras que parecen de un tipo más grande( creo que ya te dije eso?!)

Besos de hada!!!!! (Madrina)Ja!ja!

 
El 17 setiembre, 2006 00:37, Blogger Fefo dijo...

Tormenta: Sí, es verdad. Ya me lo habías dicho. Y yo sostengo, con la irrefutable verdad que sólo una partida de nacimiento puede esgrimir, que soy nacido en 1987, más precisamente, el 3 de noviembre de ese año. Si no alcanza con mis palabras para probarlo, puedo subir alguna foto (o la propia cédula de identidad si fuera necesario), aunque en particular me resisto un poco, porque ¿de qué vale una imágen que quite a las palabras todo el misterio de quien detrás de ellas se encuentra? ¿de qué sirve colocar mi foto cuando allí mismo moriría el pequeño acertijo que te atrajo a mi celda? No. Mejor será dejar a mis relatos, que son ellos quienes saben (y vaya que lo saben), mejor que una cámara, hablarte de mí mismo.

Un abrazo bien fuerte y gracias a vos por tus palabras, por tu tiempo y tu cariño, mi Hada Madrina.

 
El 18 setiembre, 2006 17:40, Blogger arbora dijo...

hola...
llegué hasta aquí por un post que encontré en mi blog... y realmente agradezco ese post... porque pude encontrarne con este cuento increíble... es realmente impresionante cómo uno logra introducirse en el mundo de los personajes, sentir la psicología del protagonista que abrumado por la culpa muere viviendo...
sabes... me gustaría mostrarte un cuento que escribí hace un tiempo que me recordó mucho a este... pero no por la historia... es algo.. algo que no sé cómo explicar... en fin... si te interesa ... avísame...
y con respecto a lo de tu final... yo creo que eres tú finalmente quien logra darle vida a esta historia y de repente así de la nada, verás como aparece ese término que hace que tu obra quede completa... tiene que convencerte a ti mismo... y no es fácil... incluso... yo opino que hasta como va... sólo bastaría saber qué pasa con nuestro asesino... qué siente, qué hace... y en algún momento hacer aparecer a Villari, para que no quede como un cabo suelto... pero... me encantó tu post... realmente excelente...
saludos
felicitaciones.. y gracias por compartir un cuento tan bueno.
Besos

 
El 18 setiembre, 2006 19:14, Blogger Fefo dijo...

Gracias Anto por tus palabras que me llenan de emoción. No puede uno pedir algo más. Palabras como las tuyas no se leen todos los días. Bienvenida entonces a mi Cárcel de Palabras. Con respecto a tu cuento, ansioso estoy de recibirlo. He leído trabajos tuyos en tu blog y eso me hace más difícil aún la espera.

Y el final de esta historia, te cuento que lo tengo casi terminado. El miércoles a más tardar lo estoy publicando. Te vas a llevar más de una sorpresa. Y te confieso, Villari no es un personaje de mi agrado. No sé. Intenté armarlo pero por más que intento, no puedo hacerlo compatible con el Villari de "La espera" de Borges (que es en definitiva, la base de este cuento). Ya verás... Incluso, vamos a conocer un poquito más del protagonista y ¿por qué no? a odiarlo en proporción...

Son varios los cabos por atar para que comience esa inmunda espera del traidor.

 
El 18 setiembre, 2006 19:22, Blogger Amapola dijo...

Mi Fefo, te veo entusiasmado en la elaboración de este cuento que he leído más de dos veces (las dos partes), de todas maneras se hace necesari un enfrentamiento con Villari, sino, quedaría incompleto.
En cuanto a la estructura no te preocupes si te queda largo o no, lo que importa es que atrape, hay novelas de 500 paginas que se leen en una ráfaga y otras de menos de 100 que se hacen interminables...
Fefo, tal vez el argumento esté algo visto pero es el final que le darás el que lo hará inigualable.
Hay momentos realmente atrapantes y otros en que es fácil desconcetrarse, la clave está en la práctica, la práctica hace al maestro y para eso está el blog, para ir soltando la muñeca y tus amigos para darte las pautas en el camino.
Me llenas de orgullo y algún día te diré porqué.
Te quiero mucho, mil besitos de opio, de ese opio que compartimos tú y yo...el que narcotiza y mantiene el alma en suspiros, el de las letras.

 

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